Ese paraíso cruel de la Montaña

Publicado el Viernes, 9 de diciembre de 2011 · En la sección: Mirada Interior En El Sol de Chilpancingo

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MIRADA INTERIOR

Ese paraíso cruel de la Montaña

Por Isaías Alanís

Tocar a la Montaña de Guerrero, es palpar lo innombrable. Entrar en el umbral del suicidio colectivo y del abandono feroz. No hay escapatoria. Un mundo donde no hay peces chicos, todos se comen entre sí, salvo algunos grandes que viven a costa de los chicos. Los explotan, se burlan de su pobreza y ganan dineros criminales con programas que nunca llegan a sus destinatarios. El negocio es que no se acabe la pobreza, porque entonces se les acaba el negocio a malandrines profesionales, organizaciones ciudadanas patito y a los políticos de todos los partidos. Precisamente preparo un libro sobre el universo sonoro de la Montaña. El entrevero de culturas que la pueblan y el eje asimétrico de la mixteca poblana, oaxaqueña y guerrerense cuyo punto de confluencia no sólo es la música sino la marginación total. Los hombres de las nubes, amuzgos, tlapanecos, nahuas y sus variantes. Viven sobre una tierra casi desértica. Su mundo gravita entre la soledad y las sombras. Sin caminos, sin centros de salud, sin infraestructura. Por eso huyen y regresan en una bolsa negra, o atravesados por las balas de los narcotraficantes, o producto de rencillas por linderos que el gobierno federal y local prohíja y encubre.

Asolados por la disyuntiva de vivir en el  “mundo cerrado” y el “mundo abierto”. Metáforas que los campesinos ecologistas de “La Primavera”, discuten consigo mismo en un soliloquio que lleva ya quinientos años. Quinientos años de ver como su cosmovisión se desmorona. Cómo su mundo de diluye. Cómo sus bosques se agotan. Cómo sus recursos son pasto verde para sus depredadores, como las empresas mineras canadienses.

La tierra de sus mayores ya no les pertenece. Dios es un grumo de barro con el que construyen sus casuchas. Su frío es de este mundo y no del otro. Del mundo cerrado que conocen en espera de la resurrección en vida al “mundo abierto”. Ese mundo que desconocen. El mundo de la justicia social en suma y nada más. No piden más. No lloran por algo más porque sus lágrimas al contacto con la tierra se agrietan y evaporan.

Los datos duros, mejor no se nombran. Se ha convertido en lugar común y en bandera de vivales. Redentores de la pobreza desde su solio de riqueza. Ellos viven de los pobres. Los proyectos no aterrizan en la realidad. Sólo sirven para elevar el nivel económico a líderes venales y organizaciones patito. 32 municipios cuyos ingresos per capita es la venta de quince coles cada ocho días durante el tiempo de cosecha a 10 pesos cada una en el tianguis de Chilapa o Tlapa, y con la ganancia comprar cal viva para preparar nixtamal. Pagar el pasaje y comer pozole con carne. Eso es todo. Y volver a su comunidad con la tarjeta de Oportunidades envuelta en una bolsa de plástico sudada por la orfandad social. Y los niños que esperan. No esperan nada. Otra vez la rueda de la vida da la misma vuelta. Es la noria de León Felipe comiéndoles los huesos de su hambre a cada nuevo giro. Sin escuelas, centros de salud, calidad de vida destinados a morir niños por piquete de alacrán, sarampión o viruela. Y viejos por mal apto o gastritis aguda.

En cimas y simas, cañadas, puntas de monte, cerros, venas abiertas por el soplo del viento, por milenios de sangre y estrellas caídas. Se cubren con su piel desgarrada. Danzan y cantan. Soplan en bombardinos descoloridos, con clarinetes tibios como el canto del cenzontle, su gloria de ser los primeros en este continente antes del ladino. Y sólo se oyen a ellos mismos. Nadie viene a escucharlos. Su música cruza el tiempo antes de volverse una ráfaga de silencio que al contacto con la llama del fogón, se desvanece.

En este universo otro, en el lugar donde el “no hay” es un principio ordenador y catastrófico, existen voces. Dolidas voces que llevan en su sangre los mismos agravios.

El diputado federal, Filemón Navarro, hijo y nieto de la montaña. De sangre indígena de los pueblos originarios, en su reciente informe de actividades legislativas y acciones, demostró que si se puede, lentamente, pero se puede, venciendo inercias de la mafia montañera y con la gente sensible al “tequio” y con “dar brazo” a los vecinos, se logran aciertos: “10 mil millones de pesos para la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), así como 35 millones de pesos para el pago de luz, y los 60 millones de pesos para el fondo regional…”. En una región donde la muerte materna es escalofriante, desnutrición, falta de caminos, centros de salud, escuelas. Región donde el frío de estos meses lacera a niños y viejos. La Montaña de Guerrero, debe de dejar de ser el centro emblemático a donde vienen los políticos cuando necesitan el voto. Lo hizo Xóchitl Gálvez. ¿Quién vendrá ahora a repetir las mismas blasfemias en una región que tiene los mismos índices de atraso? La región donde la policía y el ejército cometen aprehensiones extra legales y paralelamente la policía comunitaria está dando un ejemplo de rectitud operativa y reeducación de los delincuentes.

Existen estudios, diagnósticos y programas que no han detenido la pobreza extrema de la Montaña y las etnias que la habitan. Por eso hay que resaltar la palabra empeñada de un hombre que ha vivido los mismos problemas ancestrales de la región y que ahora desde la diputación federal y con responsabilidad baja y vigila recursos que son aplicados a sus respectivos destinatarios.

 

Que la desaparición forzada de los campesinos ecologistas, Eva Alarcón y Marcial Bautista acaecida la madrugada del miércoles 14, cuando fueron raptados por un grupo de encapuchados en el trayecto de Petatlán a la Ciudad de México, precisamente iban a una reunión con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que encabeza el poeta Javier Sicilia, no siga el mismo trágico derrotero que de los luchadores sociales y activistas de ese movimiento, Nepomuceno Moreno, acribillado mientras circulaba en su camioneta por una céntrica calle de Hermosillo, sonora, y del recientemente ejecutado José Trinidad de la Cruz Crisóforo, del estado de Michoacán, cuyo cuerpo presentaba visibles muestras de tortura.

El gobernador Ángel Aguirre Rivero el miércoles 7 se reunió a puerta cerrada con miembros del Operativo Guerrero Seguro con el fin de encontrar a la brevedad a los plagiados.

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