Gabriel iba a Ayotzinapa porque “somos pobres, y sólo por eso me lo matan”

La madre del estudiante asesinado narra cómo vivió el día que mataron a su hijo

Gabriel iba a Ayotzinapa porque “somos pobres, y sólo por eso me lo matan”

María de Jesús Tolentino exige justicia a Aguirre, “porque él tiene a su mando” a quienes dispararon

MARGENA DE LA O. Tomado de La Jornada Gro. 14 de diciembre del 2011.

Chilpancingo, 13 de diciembre. “Yo quiero ser como él. Voy a estudiar en Ayotzinapa”, fue lo que dijo Francisco, el hermano menor de Gabriel Echeverría de Jesús, normalista asesinado por policías, cuando observaba a su mamá que lloraba por su muerte.

Echeverría de Jesús creció en una casa pequeña y humilde de la calle Carlos González Navarrete, en Tixtla. Ahí mismo fue velado su cuerpo.

Según contó su madre, María Amadea de Jesús Tolentino, campesina de 57 años, aunque aparentaba más edad, los sábados, al salir de la normal que funge como internado, Gabriel se alquilaba ya fuera en el campo, en trabajos de construcción o en el mercado como cargador, para darle a ella, los 20 o 30 pesos para las tortillas. Su actual e improvisado negocio de comida no le es suficiente, por un lado porque no hay ventas, y por el otro, dijo, porque por las probabilidades de un derrame cerebral, su esposo no puede trabajar.

En un momento en que dejó de llorar, con un tono enérgico pidió justicia por el crimen de su hijo, cometido, aseguró, por el gobernador Ángel Aguirre Rivero, “porque él es el que tiene a su mando a toda esa gente que les dispararon a mi hijo”.

Definió a Gabriel, no porque fuera su hijo y estuviera muerto, aclaró, como un joven estudioso, trabajador, y honrando, porque, pese a su condición humilde “nunca lo enseñamos a robar, ni a ser un delincuente (como) dicen que eran”.

“Él me decía –hace una pausa por el llanto-… Quería ser maestro para mantenernos a mí y a su papá que estamos enfermos. ¡Me duele tanto recordar sus palabras!”, soltó y cubrió su cara con su rebozo negro.

“No le deseo a nadie este dolor tan grande que siento. Dice el gobierno que nuestros hijos eran delincuentes y estaban armados; cómo las balas no toparon con él (Aguirre Rivero), cómo las balas no toparon con nadie de los suyos… ahí otro gallo cantara”, dijo y volvió a cubrir su cara.

Siguió: “yo lo mandé a mi hijo ahí, a una escuela de pobres, porque somos pobres, y sólo por eso me lo matan”.

Recordó que el lunes pasado, muy temprano –“como no sé leer ni escribir, no sé qué horas eran”–, antes de irse a la normal, su hijo le dijo que ese día viajarían hasta Chilpancingo a manifestarse, porque el gobernador no les quería autorizar más espacios para los jóvenes de nuevo ingreso.

“Por la tarde supe que habían matado a chamacos de la normal, le pedí a una vecina que se comunicara con mi marido que había ido a Chilpancingo, y yo sentí que sí, que él era uno de ellos. Cuando me avisan, yo ya lo sabía, lo presentía”.

Francisco, que quiere seguir los pasos de Gabriel, sólo agregó que estudia el último año de la preparatoria, y que para la siguiente convocatoria, buscaría su espacio en la normal.

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